En la historia del deporte han ocurrido diversos hechos que
siempre estarán escritos y serán recordados por muchos como algo especial, para
bien o para mal. En este caso, desgraciadamente debemos de hablar sobre una de
las tragedias más grandes que han sucedido en el mundo del deporte.
Lo ocurrido en Munich tuvo que ver con el conflicto
árabe-israelí. En el estaban implicados, principalmente, dos estados: Israel y
Palestina.
Todo sucedió un 4 de Septiembre. Las XX olimpiadas ya habían
comenzado, y los atletas estaban en plena competición. Los atletas de Israel
tenían aquel día libre, por lo que se dedicaron a visitar la ciudad y hacer
algunas compras. La villa olímpica tenía un gran dispositivo de seguridad. Sin
embargo, ocho miembros de la banda armada Septiembre Negro se intenta
introducir en las instalaciones, a fin de intentar acceder donde se hospedaban
los atletas israelitas. Bien camuflados, con chándal y una bolsa de deporte
donde escondían todo el armamento, consiguieron disimular, pasando por deportistas.
Ya en la madrugada, Moshé Weinberg, entrenador de lucha israelí, escucho algún
tipo de ruido tras la puerta del apartamento.
El hombre, de 33 años, observo entonces que alguien
intentaba abrir la puerta, en ese momento se abalanzó gritando y alertando
sobre la presencia de los terroristas. Moshé no conseguía cerrar la puerta del
apartamento, así que intentó atacar a uno de los asaltantes con un cuchillo.
Weinberg murió asesinado, su ataque no había dado frutos, pero si su agudo oído
y su grito de alerta, que provocó la huida de nueve de los dieciocho atletas
israelitas que se encontraban en Munich, el resto se intentaron esconder.
Yossef Romano, halterofilista, forcejeó con uno de los terroristas intentando
quitarle el arma, sin embargo murió en el intento a causa de un disparo del
palestino. Los nueve atletas que no huyeron fueron secuestrados.
En ese momento, los terroristas intentaron negociar con el
gobierno israelí la liberación de sus atletas, a cambio de la excarcelación de
los presos palestinos en Israel. El gobierno israelí, sin embargo, se negó a
negociar con ellos. Finalmente, y después de horas de poco entendimiento entre
las partes implicadas, los secuestradores propusieron un acuerdo con las
autoridades alemanas que estos simulaban aceptar. Los palestinos demandaban
transporte seguro, para viajar hasta El Cairo, capital egipcia. Cuando tanto
secuestradores como sus rehenes llegaron al supuesto aeropuerto, se encontraron
con que todo era una trampa. Los terroristas se encontraban en una base militar
donde les estaban esperando diferentes francotiradores y diversos militares
alemanes dispuestos a derrotar a los miembros de Septiembre Negro. No obstante,
la misión fue un fracaso. Los terroristas supieron darse cuenta de lo que
sucedía, y allí empezó la masacre.
Las diecisiete muertes acontecidas la madrugada del 5 de
Septiembre de 1972, no afectó demasiado al desarrollo de la XX edición de los
Juegos olimpicos. Sólo se decidió suspender las competiciones que se iban a
realizar el mismo día 5, reanudándose las competiciones al día siguiente. Se
dijo que el acto terrorista pudo matar a muchas personas aquella noche, pero
que no conseguirían cancelar la celebración de las Olimpiadas. Se organizó un
memorial al que asistieron cerca de ochenta mil espectadores y tres mil
atletas. No obstante, esto resultó un acto de orgullo por parte del gobierno
alemán y del COI, lo cual fue criticado duramente por diferentes países.
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